Manos que hablan nace en Casa Mantay, hogar para madres adolescentes y sus hijos e hijas en situación de vulnerabilidad, donde descubrí que las manos hablan.
Manos jóvenes que sostienen, que acarician, que buscan afirmarse en medio de la fragilidad. Manos que cuentan historias de amor y de lucha silenciosa, de ternura y de una fuerza inesperada.
Acompañar a estas madres y a sus hijos e hijas fue entrar en un espacio de cuidado que se expresa en cada gesto cotidiano: en cómo se ofrece un abrazo, en cómo se comparte el pan, en cómo se sostiene la vida día a día. Cada gesto reflejaba amor, fortalecía la familia, consolidaba el hogar, cultivaba el cuidado y abría caminos hacia el futuro.
El proyecto se desarrolló desde la mediación artística, utilizando la fotografía y el juego como herramientas para generar espacios de encuentro, expresión y reconocimiento. Las manos se convirtieron en puente entre lo íntimo y lo visible, permitiendo que cada participante pudiera mirarse y ser mirada desde la dignidad y el afecto.
Este trabajo fue posible gracias a una beca de Cooperación al Desarrollo, otorgada por el área de Cooperación de la Universitat Jaume I a través de la Generalitat Valenciana. En ese cruce entre arte y cooperación, comprendí que este hogar es mucho más que un refugio: es un lugar donde la dignidad se construye con cuidado, donde cada vínculo es también una forma de esperanza.
Manos que hablan es, para mí, un testimonio de esa calidez que nos habita cuando la vida se teje en común.
Cusco, Agosto 2025.